Todo Comienza con el Maíz

Hace más de 6,000 años, los aztecas, mayas e incas fueron los primeros en cultivar maíz. Sembraron el teocintle: una planta primitiva que hicieron parte esencial de su alimentación y vida cotidiana.

Los pueblos indígenas vivieron del maíz y para el maíz, integrándolo a cada aspecto de su vida, desde la alimentación a la medicina, e incluso la religión. Lo aprovecharon por completo: usaban sus granos para elaborar alimentos, sus cabellos para preparar té medicinal, los tallos para el forraje, el maíz verde como verdura fresca y las hojas para envolver su comida y hasta para masticarlas como “chicle”, rellenándolas de azúcar.

Antes de que los campesinos plantaran maíz, era tradición que los sacerdotes fertilizaran la tierra con víctimas sacrificadas para enriquecer la tierra y garantizar buenas cosechas. Quizás por ello el nombre del maíz es tonacayotl, que significa “carne de nuestro cuerpo”. De la misma manera que a los recién nacidos se les llamaba “flores del maíz”, a las niñas “maíz tierno” y a los guerreros en su apogeo “Señores del maíz”.

Los antiguos aztecas eran tan dependientes del maíz que adoraban a Centeotl, diosa que simbolizaba al maíz y ayudaba a combatir las enfermedades y a resistir el frío extremo.